I.2 – Diferencias entre la operativa amateur y profesional.

El mundo de la bolsa no es ni blanco ni negro. Existen muchos matices y perfiles de operadores.

Vamos de menos a más, según una sencilla escala a la que podemos intercalar más o menos grados intermedios:

  • Amateur: solo opera comprando al contado y con valores de bolsa, normalmente la de su país, que “cree” conocer bien. Ha oido que la bolsa está subiendo y no quiere perderse el chollo. Se apunta a los valores de empresas más “sólidos” o los que le ha recomendado el del banco. Carece de estrategia y táctica, y por lo general al primer revés piensa que la bolsa es “muy complicada”.
  • Discrecional: normalmente es un profesional destacado en su rama de actividad. Este tiene más peligro que el anterior, porque cree que por ser bueno en lo suyo, va a ser capaz de ser bueno también en la bolsa. Se ha leido un par de libros de inversión y se cree todo lo que viene en el Expansión o similares. Intenta seleccionar valores de bolsa según los cuatro criterios que ha aprendido. No suele tener más suerte que el amateur, ya que también carece de una línea estratégica que le diga cuándo entrar y cuándo salir.
  • Avanzado: se ha llevado un par de palos en la bolsa y sabe que no es tan sencillo como pensaba en un principio. No obstante, es obstinado, y se va dando cuenta de que es necesario tener una metodología mínimamente pensada para operar. Sin embargo, no domina aún los aspectos emocionales y se deja llevar por sus sensaciones, saltándose a menudo su método por miedo o por codicia. Tiene ya conocimientos básicos de futuros y opciones pero no sabe cómo aplicarlos. No tiene una gestión del dinero consistente.
  • Profesional: conoce bien todas las herramientas (productos de inversión). Es capaz de idear una estrategia, de probar su eficacia en el tiempo y calcula los ratios de recompensa/riesgo. Conoce los factores emocionales y es capaz de atenerse a su metodología, respetando los puntos de entrada y de salida. No siente frustración al perder ni emoción al ganar, sabe que ambos son el pan nuestro de cada día.


Vamos a centrarnos, como es de suponer, en los aspectos que hacen de un profesional lo que es:


Metodología: consiste en una serie de normas objetivas para operar, que han sido estudiadas y calculadas para que el operador se sienta cómodo, y que arrojan un resultado conjunto prometedor. Al investigar una metodología es esencial darse cuenta de cuándo es más propicio que funcione y cuándo no. Es habitual autoengañarse pensando que nuestra metodología va a funcionar siempre en cualquier condición. A veces es simple desconocimiento de conceptos como “mercado tendencial” o “mercado congestionado”.

Recompensa/riesgo: ninguna metodología nos va a hacer ganar siempre. Tenemos que asumir que habrá un porcentaje de operaciones que van a salir mal, porque el mercado es así. Tenemos que conseguir que las pérdidas sean las menos posibles y si eso no es así, que por lo menos sean en cantidades de dinero inferiores a las que obtenemos en operaciones ganadoras. Un estudio histórico (backtesting) nos puede decir a largo plazo la relación entre lo que estamos dispuestos a asumir como pérdida, y el potencial de ganancia estimado. Ejemplo rápido: pensamos que una acción va a subir un 20%. Sin embargo, consideramos que si la acción baja un 5% entonces entra en un terreno peligroso (no cualquiera, sino medido según nuestros indicadores) y las cosas no están saliendo como se pensaban. La relación recompensa/riesgo será de 20:5=4:1. Si la relación es de 1:1 es mejor que nos vayamos al casino más cercano y apostemos todo a un color, es exactamente lo mismo pero por lo menos pasaremos un rato ameno.

Estrategia: serie de pasos que damos para conseguir un objetivo, normalmente a largo plazo. En nuestro caso, puede ser una serie de operaciones que, individualmente no significan nada y que no tienen por qué dar beneficio, pero que en su conjunto sabemos que nos van a dar resultado positivo. Estudiaremos algunas estrategias sencillas con opciones al hablar de los “calendar spread”.

Táctica: maniobras a corto plazo que aseguran la buena ejecución de la estrategia general. Los mercados son cambiantes y los escenarios pueden variar cada día. Puede que un giro inesperado en una operación que forma parte de una estrategia, de al traste con los beneficios obtenidos hasta el momento, sin que esto quiera decir que la estrategia sea mala. Una buena estrategia, mal ejecutada, no sirve de nada. Ejemplos: operar en un mercado estrecho o poco líquido, elegir stops en sitios inadecuados, no valorar la importancia de eventos macroeconómicos, etc… son casos de mala táctica que pueden estropear una buena estrategia.

  • Gestión del dinero: es necesario que sepas siempre de antemano cuánto dinero vas a poner en cada operación, y cuánto estás dispuesto a perder. Dependiendo de la relación recompensa:riesgo podrás subir o bajar. Un ejemplo de mala gestión del dinero es aumentar una posición en pérdidas. Si estás perdiendo dinero, el mercado te está hablando, te está diciendo que es probable que estés en el lado equivocado. Déjalo estar, y cuando las pérdidas superen lo previsto, sales y a por otra. La mejor receta para arruinarse es aumentar la posición, porque tenemos un 90% de probabilidades de perder el doble o más de lo esperado. Recordad: el truco está en permanecer en el juego el mayor tiempo posible. Si nos echan a los dos meses (nos quedamos sin pasta) ya no podremos seguir jugando. Hay que tener en cuenta que aumentar una posición perdedora es equivalente a “vender volatilidad”, concepto importante del que hablaremos más adelante.

Factores emocionales: los factores emocionales son el 80% de la vida del operador. Podemos estar ejecutando la mejor estrategia, encadenando los pasos con las mejores tácticas, y en un momento determinado, llevados por el miedo, la falta de confianza o la avaricia, podemos echar todo al carajo. Hablaremos de los factores emocionales con más detalle. Una enumeración de los más importantes:

  • El miedo o pánico: ante un revés inesperado, nos dejamos llevar por el miedo, y perdemos momentáneamente la facultad de razonar. El miedo no existe más que dentro de nosotros. El operador ha de tener en todo momento un plan de salida, prefijado de antemano antes de hacer la operación, para que en esos delicados momentos actuemos como un roboc y no metamos la pata con una decisión desafortunada.
  • La ira: a veces el operador pierde dinero. El amateur se enfadará consigo mismo o con el mercado. Pero el mercado no tiene la culpa, al mercado le da igual, no sabe ni que existes. Es necesario que el operador asuma el porcentaje de operaciones perdedoras que es habitual en su método, y pase a la siguiente operación con el cerebro limpio, como si nada hubiera pasado. La ira nos condiciona y hace que nuestras siguientes operaciones estén “viciadas” por la mala experiencia de las anteriores.
  • La codicia: a veces vemos que vamos ganando, y pensamos que podemos aumentar las apuestas (el riesgo) por pura codicia. O si una vez ganamos 1000, pensamos “qué tonto he sido, si hubiera invertido el doble tendría 2000”. Si, pero ¿hubieras sido capaz de asumir una posible pérdida por el doble del importe?. Si la respuesta es “no”, no seas codicioso. Sobre todo hay que tener en cuenta que aumentar una posición ganadora es equivalente a “comprar volatilidad”, concepto importante del que hablaremos más adelante.
  • La autocomplacencia: a veces el operador gana mucho dinero. Se cree el rey del mambo. Algunos hasta salen en las noticias. “Fulanito gana 1 millón en bolsa”. No sabe que si haces muchas operaciones arriesgadas, es probable que una de ellas te salga estupendamente. Lo que no dicen luego es que la mayor parte de ellos devuelven el dinero al mercado en cuestión de semanas o meses. Hay que ser objetivo, y saber que cuanto más tiempo permaneces en el juego más probabilidades tienes con hacer un jack-pot, por usar la jerga del juego. Pero eso no significa nada, puede que con ese mismo método en la siguiente operación pierdas parte, o todo.
  • El egoismo: muchos se creen que por ser buenos abogados, ingenieros, médicos, etc… van a ser buenos operadores. Como si yo para ser neurocirujano pensara que con leer un par de tratados ya basta. La de operador es la profesión más competitiva del mundo, te las vas a ver con tipos e instituciones con miles de millones en el banco, varios premios Nobel en nómina, un cluster de miles de supercomputadoras machacando números las 24h y lo que es más importante, con un acceso privilegiado a la información económica y geopolítica. A su lado tú no vas a ser más que un cagarro, una sardina navegando en un banco de tiburones blancos. Recuérdalo antes de lanzarte al parquét.
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