Teoría Dow: los precios descuentan todas las noticias.

El precio de cualquier valor refleja en todo momento toda la información que todos los agentes del mercado poseen acerca de dicho valor y que pueda afectar a la cotización.

Esto incluye tanto la información pública como la “privilegiada”.

Estamos por tanto ante otro pilar básico de la Teoría Dow que hacer bramar a los pobres infelices que creen que en los mercados de valores modernos no existe la “información privilegiada” por el mero hecho de que “está prohibida”, y que accediendo a las webs de las empresas o de los gobiernos van a tener todos los datos en su mano.

Pensar eso lógicamente les hace dormir mejor ya que su fé en el “sistema” permanece así inquebrantada.

Bien, vamos a poner un par de ejemplos:

Ejemplo 1: la empresa B cotiza en bolsa, es mediana pero gracias al empuje de su dueño y fundador, el Señor C., tiene un buen nicho de negocio en su país y está incluso iniciando su internacionalización, con buenas perspectivas. Cotiza en bolsa a 20€ la acción.

La empresa A es una multinacional dedicada a lo mismo que B entre otras cosas, pero considera que absorver la empresa B puede ser interesante para incorporar sus ingeniosas tecnologías y procesos y penetrar fácilmente en su país de origen.

En el último consejo de A se decide entonces lanzar una OPA hostil sobre B. Al percibirse como una buena oportunidad deciden ofrecer un 40% más de su valor actual y piensan ofrecer a los accionistas de B 28€ por acción.

A partir de ese momento alguien sabe que dentro de unos días esa acción valdrá 28€, esto es, 8€ más que hoy. Los miembros del consejo salen del lujoso salón de reuniones de la sede de A, y se van a tomar un café.

Lógicamente está prohibido hacer uso de la información privilegiada, pero uno de los consejeros se aparta a una esquina, saca el iPhone y llama a su cuñado, cuyo primo trabaja en un broker con sede en las Islas Caimán. No hay que ser muy listos para saber qué le pide: que compre todas las acciones de B que pueda hasta que ésta llegue a 28€. La jugosa “comisión” ya está pactada de antemano.

Otra integrante del conseño de A, va apresuradamente al baño de señoras, y hace una llamada a un sobrino que tiene trabajando en Singapur, que no tiene un duro en la cuenta pero al cual el banco le ha dado un generoso préstamo, avalado por una solvente sociedad interpuesta al mando de un testaferro de un banco suizo. La orden no puede ser otra: compra acciones de B hasta que te salgan por las orejas. Con la “comisión” obtenida el sobrino podrá pasar un año más de farra con numerosos viajes a resorts de lujo en Thailandia.

Como resultado de todas estas compras “privilegiadas”, la cotización de B empieza a subir por las nubes. El bueno del Señor C., fundador y presidente de la empresa B, se encuentra en una reunión de negocios cuando su secretaria le interrumpe apresuradamente. “Un momento señores, ahora vuelvo”. “Tiene que ver esto Señor C.” Van corriendo al monitor que refleja el abrupto salto de la cotización con millones euros en volumen negociado, unas 20 veces más que lo habitual para todo un día.

El señor C. se rasca la cabeza y se pregunta qué puede estar pasando. No han anunciado a la prensa nuevas tecnologías ni nuevos proyectos en el extranjero, ni tampoco un informe de ventas favorable.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de ahí, un trader se encuentra en el salón de su casa apoltronado en la silla. Su programa de trading comienza a pitar como un loco y anuncia una actividad y volumen inhabitual en el valor B. Su sistema rápidamente se pone en marcha y compra acciones de B. Él no sabe por qué, pero parece ser que alguien si lo sabe.

Tampoco lo sabe el señor C., y eso que él es el presidente de la compañía.

Ejemplo 2.

El meteorólogo J. es el técnico que recoge los datos de un innovador satélite meteorológico puesto recientemente en órbita. De repente, el sofisticado software da una señal: se está formando un huracán en el golfo. Su evolución pronosticada indica que va a pasar lejos de las plataformas petrolíferas caribeñas, pero que va a entrar por el Mississipi y se va a cargar unas cuantas hectáreas de cosechas de grano con una probabilidad del 50%.

Rápidamente avisa a el señor X., que tiene una casa de valores que opera desde las islas Vanuatu. Éste ya sabe que hacer: si la cosecha queda arrasada, el precio del grano va a multiplicarse por 4. Pero como la probabilidad es del 50%, hay que ponderarlo todo y pensar que el precio del futuro con vencimiento el mes de la cosecha, va a descontar este evento y va a multiplicarse “solo” por 2. Compra futuros como un poseso.

A medida que pasan las horas la noticia se hace pública en las agencias de noticias y la probabilidad de desastre agrícola aumenta al 80%. Pero la jugada ya está hecha, y el señor X. ya está cargado de futuros comprados a buen precio.

Las navidades en casa del meteorólogo J. y el posterior retiro (prematuro) van a ser muy felices, al parecer alguien ha dejado “distraídos” unos cuantos millones de dólares en una cuenta numerada de Suiza…

Y así podemos poner ejemplos a patadas.

Una consecuencia de esta ley es la siguiente:

La noticia no explica el precio, es el precio el que genera la noticia.

Esto quiere decir que en un día después de un fuerte movimiento, los redactores de los periódicos salmón se devanan los sesos para “explicar” lo que ha pasado.

– “Han encontrado un pozo de petróleo en Brasil”: como si eso no lo supieran decenas de personas hace semanas, imbécil.

– “Las perspectivas de empleo han mejorado”: como si los datos adelantados de esas perspectivas no han pasado por varias manos antes de que salieran a la luz, mendrugo.

– “Han anunciado una bajada de las ventas”: como si el consejo de esa empresa no supiera esa noticia desde hace meses, tontolaba, llevan vendiendo desde hace mucho y tú llegas tarde.

Por lo tanto, en realidad, no hay que hacerse pajas mentales. El analista técnico puro solo lee las noticias para pasar el rato. La noticia real que usa para operar es el precio y el volumen. Comprará cuando su análisis o sistema diga comprar y viceversa.

Quizá dentro de unos días se “entere” de la causa en la prensa. Se la suda, para entonces él ya estará fuera contando los beneficios.

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