V.1.2. La fe.

Él es lo que piensa en el fondo de su corazón.

Proberbios 23-7

Llegados a este punto voy a intentar explicar una de las creencias más valiosas para el operador, y al mismo tiempo una de las más complicadas de exponer, al menos sin que el post parezca un libro de esos baratos yankees de autoayuda.

La fe para el operador no tiene el mismo sentido que la fe contemplada desde el sentido religioso. Sí, todas las religiones exigen la fe como requisito previo, pero en el caso de los operadores estamos hablando de una idea distinta de la fe.

Para el operador la fe no es más que una creencia que refuerza todas las demás creencias positivas. Se trata de la fe en uno mismo, en la seguridad de que con el tiempo, mediante el estudio y el trabajo constante, llegará a ser un operador con beneficios.

Por poner un símil deportivo a ver si se entiende mejor ¿Acaso sabía Rafa Nadal que sería número uno cuando empezó a entrenar de crío? Por supuesto que no, ya que era imposible preverlo.

Pero el tenía fe en que podía conseguirlo. No existe otra explicación por la cual alguien tan joven esté dispuesto a soportar durísimos y prolongados entrenamientos, renunciando a muchas cosas que disfrutaban otros jóvenes de su edad.

A ese tipo de fe me refiero: la fe es la creencia que nos ayuda a disipar las dudas, a superar los momentos malos y a reforzar poco a poco la base de nuestras creencias en los mercados. La fe genera la confianza en uno mismo, aumenta la certidumbre y combate el temor.

Todos los operadores comienzan su carrera no siendo rentables. Cuando digo comenzar me refiero a las primeras 100 operaciones, no 4 o 5.
Empezar así es totalmente normal. Por eso es importante contar con la fe necesaria para que, aunque ahora sepamos que nos falta un largo y duro camino por delante, estar plenamente seguros de que llegaremos a la meta de ser operadores rentables.

Bien, como último chupiconsejo: no confundir nunca la fe en nosotros mismos y nuestra operativa con la certidumbre de origen ególatra.

Un ejemplo: una acción o una mercancía no van a subir porque nosotros digamos que creemos que va a subir. Ese tipo de certidumbre no está originada en la fe, sino que es un vicio relacionado con el egoísmo.

Si el convencimiento proviene de nuestra propia forma de actuar y no de una acción externa que no depende de nosotros, entonces sí es fe. Si no, es nuestro ego el que está hablando.

En ese caso casi siempre acabaremos con la cartera más ligera.

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