V.1.3. La Confianza.

Hay dos cosas esenciales: usted debe tener confianza, y tiene que estar dispuesto a cometer errores periódicamente; no hay nada de malo en ello.

Bruce Kovner.

Siendo el punto de partida para el operador la Fe en que podemos ser buenos operadores a largo plazo, el siguiente paso es desarrollar la virtud de la confianza.

Es importante distinguir una diferencia sutil: primero va la fe, y después la confianza, y no al revés.

Cosas en las que SI podemos basar la confianza:

La confianza empieza con la fe en tus habilidades.
La confianza viene a través de la investigación y el trabajo propios que hemos empleado para hacernos con una metodología sólida.

En los novatos es habitual basar la confianza en elementos no válidos. Cosas en las que NO podemos basar nuestra confianza:

Confianza en que un software o la información de un boletín de noticias nos haga todo el trabajo, sin necesidad de usar la cabeza.
Confianza a través de nuestro ego: esto es, como somos “muy buenos” entonces estamos confiados. Es una falsa sensación de confianza que se verá vapuleada en cuanto nos llevemos dos guantazos en la boca. La realidad no es la que nosotros queremos, es la que el mercado nos impone.
Confianza en una metodología ajena. Por muy buena que sea, no hay mejor metodología que la que uno ha creado e interiorizado. Vale que la hayamos podido basar en una ya conocida de otro operador. Pero basarse ciegamente en ella, sin intentar profundizar y adaptarla a nuestra forma de ser, nos proporcionará una sensación de confianza vacía y falsa.

Hay un bonito ejemplo: un excelente trader famoso, Richard Dennis, estaba enseñando a unos novatos los fundamentos de la operativa.

Una de las pruebas era la siguiente: les preguntaba qué harían en un determinado caso según la metodología. Ellos contestaban: “hay que comprar a la apertura”.

Entonces Dennis decía: “¿Qué pasa si ahora te digo que yo lo que pienso hacer a la apertura es, por el contrario, vender a saco?”.

Algunos de los aprendices entonces tenían dudas y decían: “Bueno, pues entonces creo que yo también vendería”.

Por el contrario otros decían: “Me da igual lo que tú hagas, yo seguiría comprando a la apertura”.

Los primeros, que dudaron y dijeron que cambiarían su opinión fueron mandados a casa.

Los segundos demostraron que tenían confianza de verdad, sustentada en la fe y en la metodología que tenían como válida.

La confianza por tanto exige un control absoluto del ego propio. Sin ella no podemos continuar a desarrollar las demás virtudes, ni podremos poner a raya nuestros vicios y defectos.

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