V.7. La duda.


Nuestras dudas son traidoras, y por su culpa perdemos lo bueno que podríamos ganar, al no atrevernos a probar

William Shakespeare

Como consecuencia de sufrir los sentimientos negativos que son el miedo y la ira, al operador no tardará en presentársele un tercero: la duda.

Con la duda comienzamos a poner en tela de juicio todos los valores y creencias que tenemos acumulados en nuestra experiencia. Pensamos que no vamos a poder conseguir nunca nuestros objetivos, que no somos capaces de crear un sistema que llegue a ser rentable con el tiempo.

Eso provoca una parálisis a la hora de operar, un agarrotamiento que nos hace detenernos, y por la ley de Murphy (no nos estamos refiriendo al autor de libros de AT, claro), obviar las operaciones que casualmente habrían sido rentables, y meternos en las que no lo son.

Hay que recordar que un sistema funciona en una base estadística. Si vamos a tener periodos de beneficios, es lógico pensar que alternaremos con periodos de pérdidas. Lo único que importa es que a la larga los beneficios sean superiores a las pérdidas (más comisiones y gastos) en nuestro balance.

¿Qué sucede si, después de una serie de pérdidas, nos invade la duda, y decidimos parar las operaciones?

Lo más probable es que en ese momento justo, el sistema vuelva a funcionar, y las operaciones vuelvan a dar beneficios. Pero nosotros ya no estaremos ahí para aprovechar la buena racha, porque nos hemos bajado del tren.

Ojo, no estoy afirmando que se siga ciegamente y a toda costa un sistema que no funciona. Simplemente hay que saber distinguir una mala racha dentro de un sistema que funciona, con un sistema que simplemente no funciona.

Es necesario conocer los ciclos a los cuales está sometido nuestro sistema, para saber si las buenas o malas rachas duran días, semanas o incluso meses. Si a lo largo de muchas pruebas detectamos que el sistema da buenos resultados cada 2 meses, es lógico que nos planteemos que algo malo sucede cuando llevamos 4 meses sin llevarnos nada a la boca.

Sin embargo, el operador más novato, aparte de no tener por lo general un control sobre estos plazos, tiende a pensar que un buen sistema es el que funciona casi siempre, y su mente les traiciona, y al tercer traspiés paran la operativa porque les invade la duda, sin saber que están dentro de un periodo normal de pérdidas.

La mejor arma contra la duda es potenciar los valores de la disciplina y la confianza.

El operador que cuenta con estos valores rechaza la duda porque sabe lo que puede esperar de su sistema y lo que no es realista. Con ellos sabrá en todo momento distinguir entre el espejismo de una mala racha, y la realidad de un sistema que no funciona correctamente por algún motivo.

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