Papelitos, metales, inflación y otros activos del montón

Yo siempre he dicho que la manera más sublime de engañar o robar a alguien es hacerlo y que encima la víctima te dé las gracias.

Para conseguir esta hazaña de guante blanco, es necesario hacerle creer al pobre primo que no solo no le estás levantando la cartera (o la novia) sino que encima le estás protegiendo de un quebranto mayor.

Y en esas están nuestros amados bancos centrales o reservas federales de todo el mundo.

Para re-rescatar al cerdito (PIGS) du jour del rescate con el que se le rescató hace 6 meses, y del cual probablemente necesitará otro rescate aún mayor dentro de otros 6, están comprando deuda a mansalva para, en sus propias palabras “tranquilizar a los mercados”.

Pero para sacar el dinero para esas compras, hay que dar a la máquina de los papelitos. Masivas cantidades de árboles talados, hechos pulpa y tintados salen a la calle y nos hacen creer que el sistema sigue funcionando.

Por eso importante tranquilizar a ese amigo tuyo cuya novia te estás beneficiando cuando él se va a ver el partido de fútbol. Seguramente el hombre va feliz, bufanda en mano, pensando que su prieta churri estará segura y entretenida contigo mientras echáis una amena partida al scrabble.

Y es que no hay más ciego que el que no quiere ver.

Afortunadamente el oro y la plata son unos metales muy simpáticos que, ante los eventos económicos que estamos viviendo, no solo no permanecen ciegos, sino que ven y hablan muy claramente. Y además con la garantía de no menos de 7000 años de actividad económica humana.

Hoy el oro marca ahora mismo máximos históricos, y la plata, si bien vapuleada últimamente por los acontecimientos especulativos, ha mantenido muy sólidamente el suelo de los $32-$33 y hoy sube alegremente un 6%.

Aunque hayamos vivido estos últimos años un sueño en el cual parecía que todo beneficio aumentaba sin fin, por sin hemos despertado: no era un sueño, era un préstamo de sueño, del sueño actual y de los sueños de los próximos 40 años. Lo hemos querido soñar todo de golpe en unos pocos, y ahora llega la factura.

Pero hay cosas que nunca cambiarán, como el oro, la plata, un buen terreno o en general, un buen activo sólido y tangible.

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