V.7. La duda.


Nuestras dudas son traidoras, y por su culpa perdemos lo bueno que podríamos ganar, al no atrevernos a probar

William Shakespeare

Como consecuencia de sufrir los sentimientos negativos que son el miedo y la ira, al operador no tardará en presentársele un tercero: la duda.

Con la duda comienzamos a poner en tela de juicio todos los valores y creencias que tenemos acumulados en nuestra experiencia. Pensamos que no vamos a poder conseguir nunca nuestros objetivos, que no somos capaces de crear un sistema que llegue a ser rentable con el tiempo.

Eso provoca una parálisis a la hora de operar, un agarrotamiento que nos hace detenernos, y por la ley de Murphy (no nos estamos refiriendo al autor de libros de AT, claro), obviar las operaciones que casualmente habrían sido rentables, y meternos en las que no lo son.

Hay que recordar que un sistema funciona en una base estadística. Si vamos a tener periodos de beneficios, es lógico pensar que alternaremos con periodos de pérdidas. Lo único que importa es que a la larga los beneficios sean superiores a las pérdidas (más comisiones y gastos) en nuestro balance.

¿Qué sucede si, después de una serie de pérdidas, nos invade la duda, y decidimos parar las operaciones?

Lo más probable es que en ese momento justo, el sistema vuelva a funcionar, y las operaciones vuelvan a dar beneficios. Pero nosotros ya no estaremos ahí para aprovechar la buena racha, porque nos hemos bajado del tren.

Ojo, no estoy afirmando que se siga ciegamente y a toda costa un sistema que no funciona. Simplemente hay que saber distinguir una mala racha dentro de un sistema que funciona, con un sistema que simplemente no funciona.

Es necesario conocer los ciclos a los cuales está sometido nuestro sistema, para saber si las buenas o malas rachas duran días, semanas o incluso meses. Si a lo largo de muchas pruebas detectamos que el sistema da buenos resultados cada 2 meses, es lógico que nos planteemos que algo malo sucede cuando llevamos 4 meses sin llevarnos nada a la boca.

Sin embargo, el operador más novato, aparte de no tener por lo general un control sobre estos plazos, tiende a pensar que un buen sistema es el que funciona casi siempre, y su mente les traiciona, y al tercer traspiés paran la operativa porque les invade la duda, sin saber que están dentro de un periodo normal de pérdidas.

La mejor arma contra la duda es potenciar los valores de la disciplina y la confianza.

El operador que cuenta con estos valores rechaza la duda porque sabe lo que puede esperar de su sistema y lo que no es realista. Con ellos sabrá en todo momento distinguir entre el espejismo de una mala racha, y la realidad de un sistema que no funciona correctamente por algún motivo.

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V.6. La Ira.


Todo lo que empieza en ira, acaba en vergüenza

Benjamin Franklin

El hombre iracundo se derrotará a sí mismo, tanto en la batalla como en la vida

Código Samurai

La Ira es el sentimiento más habitual entre los operadores novatos. Incluso aparece en ocasiones en los operadores profesionales.

Sin embargo, la diferencia está en que los novatos dirigirán su ira hacia el mercado, el broker o el mundo en general.

Los profesionales dirigirán su ira hacia un lugar más positivo: hacia ellos mismos.

La ira es un sentimiento intenso y desagradable. Nos altera la respiración, el ritmo cardiaco, el habla… y se origina cuando creemos que no se están cumpliendo nuestras expectativas.

Por lo tanto la ira que sentimos depende directamente de nuestras expectativas. Si éstas no son realistas (por ejemplo, hacerme rico en dos días e irme al Caribe), entonces nuestra ira aflorará al más mínimo fracaso.

Sin embargo, el broker profesional tiene unas expectativas generales mucho más realistas. Es más, el profesional apenas se ve influido por expectativas generales, sino como mucho, expectativas sobre una sola operación en concreto. Una vez esa operación falla, puede tener un cierto sentimiento negativo para con esa operación, pero pasa a la siguiente sin más problemas y sin que tenga necesidad de “castigar al mercado” por lo malo que ha sido con él.

Otra expectativa que el operador ve atacada cuando fallan las operaciones es la de que sus creencias o sus sistemas son válidos. Sin embargo la ira no les llevará a ninguna parte.

Es necesario estudiar y determinar por qué parece que dichas creencias o sistemas parecen estar fallando. Es posible que las condiciones del mercado hayan cambiado, o que alguna de las creencias necesite una correción.

Lo importante es que el operador sea consciente de que la culpa nunca es del mercado ni de nadie externo. Eso es echar balones fuera, de modo que la próxima vez que afrontemos al mercado vayamos con actitudes como “pues ahora se van a enterar” o tonterías por el estilo. Eso no funciona. Al mercado le da igual quién seas y lo que hagas, y mucho menos le importa tu furia irracional. Al contrario, ésta nublará tus sentidos y te impedirá razonar sobre las causas reales de tus operaciones fallidas, llevándote con más velocidad aún a los números rojos.

Por eso es necesario saber que la culpa siempre es exclusivamente nuestra. Podemos sentir algo de ira, pero siempre hacia nosotros. De este modo nos veremos motivados para descubrir lo que ha fallado, y mejorar para la próxima vez.

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V.5. El Miedo.

Temor: todos lo tienen, usted sólo debe controlarlo.
John Hayden
En el momento de la decisión es cuando se forja su destino

Anthony Robbins

Este es uno de mis temas favoritos. El Miedo es una creencia incapacitante, una emoción negativa.

Todos los operadores quieren deshacerse de las emociones negativas, anularlas y eliminarlas de su mente.

Sin embargo el Miedo no puede ser eliminado. El Miedo es un mecanismo ancestral de los animales, que permite a nuestro organismo prepararse para una amenaza o peligro.

Al sentir miedo, nuestro cuerpo comienza a segregar adrenalina para acondicionar nuestro corazón y nuestros músculos y prepararnos para una reacción rápida, incluso violenta, que nos pueda alejar de dicha amenaza.

Obviamente, un mecanismo que ha sido preparado por la naturaleza para prevenirnos contra los riesgos de vida o muerte, no tiene casi ningún sentido en la vida moderna en la que nos vemos inmersos hoy en día.

Salvo situaciones excepcionales y salvo que lo vaya buscando a través de actividades de riesgo (pues éstas no son otra cosa que excusas para generar adrenalina, que como se sabe, es una sustancia natural endógena pero de alto poder adictivo), el ser humano urbanita apenas puede encontrarse a lo largo de su plácida vida con cuatro o cinco situaciones que realmente requieran del uso de los mecanismos animales estándar de protección de la vida y de supervivencia.

De hecho, la adicción a la adrenalina es la causante de las conductas ludópatas, tanto en el juego en general como en los “bolsamaniácos” en general. Algunos ludópatas de la bolsa no parecen estar ahí para ganar dinero. Parece que están ahí solamente para obtener su ración diaria de adrenalina.

La droga invade su sangre y no pueden dejar de operar caóticamente aunque poco a poco su cuenta va menguando. No es muy distinto del adicto a las tragaperras: sabe que a la larga va a perder, pero necesita su dosis de adrenalina.

El operador profesional ha de cortar todo esto de raíz.

En este contexto ¿qué es el miedo para los operadores de bolsa?

El más lógico: miedo a perder todo su dinero, probablemente conseguido a través de ahorros y esfuerzos.
Miedo a quedar en ridículo frente a los demás: todos los operadores le contarán cómo ganaron dinero con tal o cual operación. Pocos, solamente los más expertos, le dirán también que perdieron una morterada con Terra o con cualquier otro error garrafal.
Miedo a no saber predecir los movimientos del mercado, a no ser capaz de operar profesionalmente. Esta modalidad se da en los operadores avanzados que se van acercando un poco más al nivel profesional.

Por tanto estamos hablando de un miedo principalmente social. Si estamos empleando en nuestra operativa solamente el dinero que no necesitamos para sobrevivir, la pérdida de nuestro capital no tendría incidencia sobre nuestra supervivencia más inmediata.

Y sin embargo muchos operadores profesionales realmente operan con todo el dinero que tienen para vivir, de hecho viven de los réditos que sacan de ese capital, esto es, su supervivencia está teóricamente amenazada al operar.

¿Cómo consiguen esos operadores profesionales seguir adelante? Muy sencillo: no eliminan el miedo, porque no se puede. Es consustancial al ser humano como animal. Lo que hacen es controlarlo gracias a los demás valores y creencias positivas del operador.

Lo primero que tiene que aprender el operador novato para controlar el miedo, son los efectos más inmediatos que tiene sobre la operativa.

El miedo es un distorsionador subjetivo de la realidad. Imaginemos dos operadores iguales. Uno de ellos se ha llevado un palo grande hace unos meses. El otro no.

Ahora los dos se enfrentan a la misma operación, cada uno en su casa. Ven una señal a la vez, y piensan ¿cómpro acciones de X?

El primer operador se acordará del palo que le dieron la otra vez y será prudente. Pensará que lo mismo le puede pasar ahora y se lo pensará dos veces antes de entrar, aunque la señal técnica que le da el gráfico no da lugar a equívocos. El miedo distorsiona esa señal y le impide operar.

El segundo operador estará tan feliz, porque no tiene miedo al no haber sufrido una experiencia negativa en el pasado. Cree por tanto que por suerte o por haber empezado a operar en un momento determinado del ciclo bursátil, que esto de la bolsa es muy sencillo, y que todo está bajo control. Verá la señal y comprará sin ningún problema.

Los dos operadores novatos han reaccionado de manera distinta a la misma señal. Ambos tienen las mismas creencias y capacidades (pocas y básicas, porque son novatos, pero las tienen). Pero el miedo les ha hecho tomar caminos distintos.

Ahora veamos cómo haría un operador profesional. Ha sufrido palos innumerables en el pasado, con lo que estaría en una situación psicológica similar a la del primero operador novato, incluso peor. Por supuesto, ha visto la misma señal, incluso más claramente, que los operadores novatos. Su sistema y sus creencias le dicen que tiene que comprar acciones de X. Por un momento recuerda el palo que se llevó hace tiempo con una operación similar.

Sin embargo, en él esa sensación pasa de largo. Su fe en el sistema, su confianza en que su operativa a largo funciona, y su disciplina, le dicen que tiene que comprar las acciones de X, porque es así. Apenas siente una leve perturbación, pero el miedo no le ha impedido hacer lo que había que hacer. Ve las cosas como son, sin que el miedo le condicione en absoluto.

Alguien dirá: bueno, entonces el segundo novato también ha hecho bien, ha comprado acciones de X. Sí, pero a él el miedo no le ha afectado por ignorancia de él. La diferencia es que el profesional no ignora el miedo, lo siente, pero lo gestiona y lo supera sin problemas.

¿Qué tiene que hacer el novato para alcanzar ese nivel de control sobre el miedo?

Lo primero de todo es comprender el miedo.

¿Qué es? ¿Cuando lo siente? ¿Necesita sentir temor, necesita ese chute de adrenalina, o realmente lo que quiere es ganar dinero?

El miedo son datos falsos que a su mente le parecen reales. Es un sentimiento emocional atávico que nuestro cerebro emite para advertirnos de que estamos bajo una “amenaza”, que un peligro se cierne sobre nuestras creencias y sobre nuestro bolsillo.

En ese momento el cerebro tira de los recuerdos o de las referencias pasadas almacenadas, para intentar comprender mejor la situación actual a través de una vivencia similar ocurrida en el pasado.

Lo más probable es que esas vivencias estén impregnadas de subjetividad y de falsas conclusiones.

Todo esto nos va a condicionar fatalmente a la hora de evaluar una nueva operación, dándonos un prisma distorsionado que nos hará ver la operación como algo distinto a lo que es en realidad.

Solamente el valor de la disciplina nos puede hacer olvidar ese prisma y hacernos ver las cosas sin cristal alguno de por medio.

El segundo paso consiste en controlar y eliminar el miedo.

Para ello lo primero es aceptar la responsabilidad que tenemos sobre nuestras creencias, valores y las acciones propias.

Lo siguiente es aceptar que el riesgo es consustancial a los mercados financieros. De hecho el riesgo es consustancial al hecho de estar vivo todos los días.

Cualquier acción que hagamos en la vida (en el trabajo, en las relaciones sentimentales o de amistad…) está sujeta a un riesgo. Sabemos que para conseguir una recompensa, es necesario correr un determinado riesgo. En la operativa en bolsa no es distinto, es más, es un lugar donde esta ley universal se ve en estado más puro.

Una vez que hemos hecho esta aceptación del riesgo como algo cotidiano, podemos pasar a la siguiente fase: tenemos que potenciar las virtudes y creencias que controlan el miedo, y reducir y eliminar las que lo fomentan.

Un buen método para comenzar a aplicar todas estas enseñanzas para los novatos consiste en hacerse preguntas encadenadas y responderlas sinceramente. Nos pueden decir mucho sobre las percepciones y la visión que tenemos sobre el miedo, y como nos afecta a cada uno en nuestro caso.

Aquí os dejo unas cuantas para que las practiquéis:

¿Qué creencias y valores pueden reducir el miedo que experimentas?
¿En qué situaciones experimentas miedo al operar en el mercado?
¿Qué piensas en esas situaciones?
¿En qué creencias se basan esos pensamientos?
¿Son esas creencias exactas?
¿Si tuvieras que cambiar una creencia para aumentar tu capacidad, cuál sería?

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V.4. La Disciplina.

¿Por qué arriesgar todo en una única operación? ¿Por qué no convertir la vida en una búsqueda de la felicidad, en vez de una búsqueda del dolor? 

Paul Tudor Jones

Como muchos ya sabréis, estamos ante una de las virtudes más esenciales en la operativa profesional. Los operadores disciplinados obtienen beneficios constantes.

Hace falta disciplina para:
Saber crear una sistemática de trabajo e investigación.
Saber aplicarla a rajatabla para mantener a raya a nuestro ego, y así aumentar nuestras otras capacidades.

La disciplina consiste en saber vencer las voces interiores que nos dicen cosas como:

“Tengo que deshacer la operación porque estoy perdiendo más allá de mi límite, pero voy a esperar porque seguro que se da la vuelta”.
“Mi método parece que no está funcionando, y aunque estoy dentro de los parámetros de falibilidad del mismo, creo que voy a probar unas variantes a ver si así funciona mejor.”
“Siempre entro a comprar cuando se dan las condiciones actuales, pero ahora no lo veo nada claro, creo que esta vez no lo voy a hacer”.

Todas esas voces no son más que nuestro ego, que se resiste a admitir que nos hemos equivocado. Con ellas nos olvidamos de una máxima:

Todos los operadores, incluso los mejores del mundo, pierden dinero muchas veces al año. Eso no es problema ninguno. Lo importante es que también ganan dinero muchas veces al año, y al final ganan mucho más de lo que pierden.

No hay que tener miedo a cerrar una operación perdedora. Si después de hacerlo, vemos que el precio se da la vuelta, nos da mucha rabia. Pero en ese momento, en vez de lamentarnos, lo que tenemos que hacer es estudiar qué ha pasado, y por qué en ese caso nos hemos salido en mal momento.

Seguramente descubriremos que hemos elegido un mal punto de stop, o que hemos aplicado mal el punto de entrada.

A largo plazo, si pulimos esos errores, descubriremos que el 80% veces que nos salimos con pérdidas de una posición teníamos razón e hicimos bien en hacerlo. A veces vemos que si no hubiéramos salido estaríamos perdiendo mucho más dinero, y también es una sensación satisfactoria.

La disciplina mejora también el tiempo de reacción. Una vez establecidas nuestras reglas, no tenemos que pensar cuando la cosa se tuerce. Si decidimos cerrar en un determinado momento, lo hacemos y no hay nada más que analizar.

Aquellos que se ponen a pensar “claro, estará cayendo por las tensiones en Oriente, por tal o cual motivo…”

En esos momentos pensar es perder el tiempo. Todo tiene que estar pensado de antemano. Da igual el por qué nos salimos. El mercado nos está diciendo que estamos equivocados y eso es todo lo que necesitamos saber. Cerramos y nos vamos antes de que, en cuestión de segundos, el precio se vaya aún más lejos en contra nuestra.

Para mantener la disciplina, es necesario apoyarse en la fe y en la confianza adquiridas. Solamente con ellas podemos pulsar el ratón sin pestañear, aunque perdamos dinero.

Como tenemos fe en que a la larga acabaremos ganando dinero, y confianza en nuestra metodología, nos resultará más sencillo ser disciplinados.

Es importante recordar que el enemigo no es el mercado. El enemigo es nuestro ego. Al mercado se la suda que tú estés ahí dentro, comprado o vendido. Le da igual lo que hagas o lo que pienses. Él solo te va a mostrar la realidad, si aciertas o fallas.

Es el ego propio el que te va a intentar engañar haciéndote creer que esta vez es distinto, que no tienes razón y que seguramente todo se dará la vuelta mañana. Y el enemigo no está fuera, está dentro de tu cabeza.

El ego se apoya en múltiples falacias, dichos y retruécanos bursátiles que hacen que sus planteamientos parezcan más plausibles. Dichos como “compra barato y vende caro”, “no pierdo dinero mientras no venda”, “el mercado hace retrocesos de Fibonacci” o “corta las pérdidas y deja correr las ganancias”.

Todas ellas bienintencionadas, sin duda, pero los mercados no funcionan así. O al menos no podemos esperar que lo hagan. ¿Quién te dice cuándo es barato y cuándo es caro? ¿cuándo y cuánto tengo que dejar correr las ganancias? ¿y si las dejo correr y en un día aciago el mercado se las come todas de un plumazo?

Por lo tanto, si eso no funciona, vamos a aplicar algo que sí funciona: la disciplina. Todas las operaciones que empecemos tienen que tener definidos desde el principio los puntos de entrada, los de salida en pérdidas y a poder ser, los de salida en ganancias. Cuánto dinero vamos a emplear en garantías y si eso nos merece la pena. ¿Qué pasa si el producto está sujeto a gaps o huecos de apertura? ¿Qué pasa si transcurre el tiempo y el precio no evoluciona ni a favor ni en contra, está parado? ¿Cuánto tiempo queremos tener abierta la posición?

Todas esas preguntas y muchas más han de estar respondidas antes de que pulsemos el botón para abrir la posición. En la operativa diaria no podemos detenernos a reflexionar sobre una posición abierta. Las cosas pasan muy deprisa como para andar pensando una vez estamos dentro del mercado.

La disciplina no es más que un estado de consciencia en el cual aparcamos nuestro ego para operar y nos ceñimos a una metodología estudiada de forma imparcial, sin que factores subjetivos la hayan contaminado.

La metodología no va a funcionar mejor porque nosotros queramos que lo haga, cosa que todos los novatos creen que es así. Funcionará mejor cuando se ciña lo más posible a las condiciones del mercado y del producto en el que se va a operar, tanto si nos gusta como si no.

Gracias a la disciplina eliminaremos todo el sufrimiento inherente a la operativa del mercado: el dolor por perder dinero, la humillación por vender justo cuando empieza a subir, la ira porque el mercado “no hace lo que queremos”.

Todo eso desaparecerá, porque todo eso ya está asumido que va a pasar, y que no es el mercado el que nos produce el dolor, sino nosotros mismos proyectando una imagen nuestra sobre el mercado que no se va a cumplir.

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V.1.3. La Confianza.

Hay dos cosas esenciales: usted debe tener confianza, y tiene que estar dispuesto a cometer errores periódicamente; no hay nada de malo en ello.

Bruce Kovner.

Siendo el punto de partida para el operador la Fe en que podemos ser buenos operadores a largo plazo, el siguiente paso es desarrollar la virtud de la confianza.

Es importante distinguir una diferencia sutil: primero va la fe, y después la confianza, y no al revés.

Cosas en las que SI podemos basar la confianza:

La confianza empieza con la fe en tus habilidades.
La confianza viene a través de la investigación y el trabajo propios que hemos empleado para hacernos con una metodología sólida.

En los novatos es habitual basar la confianza en elementos no válidos. Cosas en las que NO podemos basar nuestra confianza:

Confianza en que un software o la información de un boletín de noticias nos haga todo el trabajo, sin necesidad de usar la cabeza.
Confianza a través de nuestro ego: esto es, como somos “muy buenos” entonces estamos confiados. Es una falsa sensación de confianza que se verá vapuleada en cuanto nos llevemos dos guantazos en la boca. La realidad no es la que nosotros queremos, es la que el mercado nos impone.
Confianza en una metodología ajena. Por muy buena que sea, no hay mejor metodología que la que uno ha creado e interiorizado. Vale que la hayamos podido basar en una ya conocida de otro operador. Pero basarse ciegamente en ella, sin intentar profundizar y adaptarla a nuestra forma de ser, nos proporcionará una sensación de confianza vacía y falsa.

Hay un bonito ejemplo: un excelente trader famoso, Richard Dennis, estaba enseñando a unos novatos los fundamentos de la operativa.

Una de las pruebas era la siguiente: les preguntaba qué harían en un determinado caso según la metodología. Ellos contestaban: “hay que comprar a la apertura”.

Entonces Dennis decía: “¿Qué pasa si ahora te digo que yo lo que pienso hacer a la apertura es, por el contrario, vender a saco?”.

Algunos de los aprendices entonces tenían dudas y decían: “Bueno, pues entonces creo que yo también vendería”.

Por el contrario otros decían: “Me da igual lo que tú hagas, yo seguiría comprando a la apertura”.

Los primeros, que dudaron y dijeron que cambiarían su opinión fueron mandados a casa.

Los segundos demostraron que tenían confianza de verdad, sustentada en la fe y en la metodología que tenían como válida.

La confianza por tanto exige un control absoluto del ego propio. Sin ella no podemos continuar a desarrollar las demás virtudes, ni podremos poner a raya nuestros vicios y defectos.

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V.1.2. La fe.

Él es lo que piensa en el fondo de su corazón.

Proberbios 23-7

Llegados a este punto voy a intentar explicar una de las creencias más valiosas para el operador, y al mismo tiempo una de las más complicadas de exponer, al menos sin que el post parezca un libro de esos baratos yankees de autoayuda.

La fe para el operador no tiene el mismo sentido que la fe contemplada desde el sentido religioso. Sí, todas las religiones exigen la fe como requisito previo, pero en el caso de los operadores estamos hablando de una idea distinta de la fe.

Para el operador la fe no es más que una creencia que refuerza todas las demás creencias positivas. Se trata de la fe en uno mismo, en la seguridad de que con el tiempo, mediante el estudio y el trabajo constante, llegará a ser un operador con beneficios.

Por poner un símil deportivo a ver si se entiende mejor ¿Acaso sabía Rafa Nadal que sería número uno cuando empezó a entrenar de crío? Por supuesto que no, ya que era imposible preverlo.

Pero el tenía fe en que podía conseguirlo. No existe otra explicación por la cual alguien tan joven esté dispuesto a soportar durísimos y prolongados entrenamientos, renunciando a muchas cosas que disfrutaban otros jóvenes de su edad.

A ese tipo de fe me refiero: la fe es la creencia que nos ayuda a disipar las dudas, a superar los momentos malos y a reforzar poco a poco la base de nuestras creencias en los mercados. La fe genera la confianza en uno mismo, aumenta la certidumbre y combate el temor.

Todos los operadores comienzan su carrera no siendo rentables. Cuando digo comenzar me refiero a las primeras 100 operaciones, no 4 o 5.
Empezar así es totalmente normal. Por eso es importante contar con la fe necesaria para que, aunque ahora sepamos que nos falta un largo y duro camino por delante, estar plenamente seguros de que llegaremos a la meta de ser operadores rentables.

Bien, como último chupiconsejo: no confundir nunca la fe en nosotros mismos y nuestra operativa con la certidumbre de origen ególatra.

Un ejemplo: una acción o una mercancía no van a subir porque nosotros digamos que creemos que va a subir. Ese tipo de certidumbre no está originada en la fe, sino que es un vicio relacionado con el egoísmo.

Si el convencimiento proviene de nuestra propia forma de actuar y no de una acción externa que no depende de nosotros, entonces sí es fe. Si no, es nuestro ego el que está hablando.

En ese caso casi siempre acabaremos con la cartera más ligera.

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V.1.2. Virtudes, vicios y creencias.

Ni en el clamor de la calle atestada
Ni en los gritos y aplausos de la multitud

En nosotros habitan el triunfo y la derrota

H.W. Longfellow.

El perfil clásico del iniciado al trading es bien conocido: abogados, ingenieros, profesionales liberales… gente que ha alcanzado cierto éxito en sus respectivas profesiones, y que un día deciden abrir una cuenta de valores al saber que algún amigo o pariente ha ganado cierto dinero en eso de “la bolsa”.

La primera pregunta es: ¿por qué el y no yo? Después de todo, soy una persona preparada.

Bien, pensar así es el primer error. El hecho de que seamos buenos profesionales de éxito en nuestro ramo, no asegura que vayamos a ser buenos operadores de bolsa, es más, puede resultar un hándicap porque estamos confiados en exceso en nuestras capacidades, debido al éxito que tenemos en nuestra profesión.

Lo que hay que pensar en primer lugar es en dónde nos estamos metiendo. Si eres un abogado de éxito: ¿cuántos años te ha costado llegar ahí? Pongamos 5 de carrera, más 2 en prácticas, otros 3 en un bufete… Echemos unos 10 años.

Lo mismo pasa para ser un cirujano reputado, o un ingeniero… Ahora bien, si cuesta tanto llegar a la cima de una profesión, ¿cuánto os creéis que cuesta ser un operador de éxito, profesión ésta que es la más competitiva del mundo? ¿pensáis que sois muy listos y que os vais a “poner las pilas” en dos semanas leyendo la prensa salmón, dos libros de bolsa y este hilo de mierda?

Pensar así es ridículo. Cuando sales a los mercados, tienes que ser consciente que te vas a encontrar con la mayor concentración de hijos de puta del universo conocido, que llevan decenas de años en ello, y que además tienen mil veces más medios, más información y mil veces menos menos escrúpulos que tú.

Dicho esto entramos en la definición de lo que necesitamos para armarnos psicológicamente si alguna vez queremos llegar a algo en esto del trading.

Virtudes: conjunto de cualidades que potencian nuestro rendimiento como operadores.
Vicios: conjunto de defectos que disminuyen nuestro rendimiento como operadores.
Creencias: conjunto de reglas que aumentan nuestra capacidad como operadores.

Bien, el pensar que porque somos muy listos, vamos a ser muy buenos operadores, es un vicio muy extendido. El operador ha de tener confianza en sí mismo, la cual es en sí una virtud, pero esa confianza ha de estar fundada en unas sólidas creencias. Si no las tenemos, es inútil lo que pensemos, al largo plazo nos borrarán del mapa.

Nuestras virtudes nos harán conscientes de hasta dónde llegamos y hasta dónde no, y gracias a ellas configuraremos con el tiempo y la práctica un conjunto de creencias, que, muchas veces a base de prueba y error, nos llevarán poco a poco a tener más rendimiento como operadores.

Por ejemplo, si yo pienso que las pérdidas hay que cortarlas, y los beneficios hay que dejarlos correr, entonces eso es una creencia. Como con el tiempo voy a comprobar que esa creencia aumenta mi capacidad como operador, entonces la tomaré por válida.

Desde fuera, la bolsa es igual para todos los operadores. Hoy en día todo el mundo tiene acceso cómodo y rápido a datos y a mercados. Sin embargo unos ganan y otros pierden.

Desde dentro, el operador ve los mercados con el color del cristal con el que lo mira. Ese cristal está formado por sus creencias y sus valores, en su forma de enfocar su visión de los mercados.

Este es el factor clave que marca la diferencia.

Nuestras creencias erróneas, generadas a través de nuestros vicios, nos “enturbian” la visión de los mercados, haciendonos ver fantasmas o conspiraciones donde no las hay, y por tanto nos conducen a cometer errores.

Nuestras creencias correctas, apoyadas por nuestras virtudes, nos ayudan a ver las cosas más claras en los mercados, y a entender mejor el cómo funcionan por dentro.

Nuestra misión en los siguientes posts sera:

  • Aprender a reconocer los vicios más típicos de los operadores, para erradicarlos.
  • Entender las virtudes necesarias que tiene que tener todo operador.
  • Proporcionar las herramientas para que cada uno de nosotros se construya un sistema de creencias válido, en el cual basar la operativa.
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V.1.1. La importancia de la psicología en el trading.


De la misma manera que una persona tendría que girar todo su cuerpo para que los ojos vieran la luz en vez de la oscuridad, se debe girar toda el alma para apartarla de este mundo de sombras cambiantes hasta que sus ojos puedan acostumbrarse a contemplar la realidad. 

 

Platón.

Muchos operadores novatos creen que el secreto del trading está en algún conocimiento misterioso, o en alguna herramienta, método o software que los gurús del mercado dominan y guardan celosamente bajo mil llaves.

Que el acceso a informaciones privilegiadas, contactos con el poder, misteriosos algoritmos y conspiraciones mil ayudan a estos operadores a tener una ventaja esencial sobre los novatos.

Sin quitarle importancia a todos estas ventajas, tenemos que decir que esas no constituyen la ventaja esencial del operador profesional respecto del novato.

El factor determinante es la psicología del trading.

¿Acaso pensáis que los traders de más éxito son mucho más listos que vosotros? ¿Que saben más cosas de lo que vosotros sabéis?

¿Qué tienen de especial que no tienen los demás operadores?

Muy fácil: los operadores profesionales son superiores a los novatos en lo siguiente:

  • Tienen un sistema de creencias y valores que refuerzan sus cualidades como operadores, y no que las debiliten.
  • Cultivan las virtudes que fomentan las creencias correctas.
  • Controlan o erradican los vicios que destruyen las creencias y los valores.

Los siguientes apartados girarán alrededor de estos tres puntos. Veremos cuales son las creencias, las virtudes y los vicios más típicos de los operadores, de modo que podamos detectarlos, entenderlos, y aplicar las medidas apropiadas para incorporar lo que nos interese y eliminar lo que nos perjudique.

El destino final de todo ésto es que el trader novato sepa “saltar“ esa valla imaginaria que le separa del trader profesional, y que solamente se encuentra dentro del espacio que hay entre nuestras dos orejas.

Imaginaos que sois novatos y mágicamente alguien os instalara en vuestro PC el último software más avanzado de la mayor casa de inversiones del mundo ¿creéis que obtendríais más rentabilidad que un operador experto de principios del siglo XX, que usaba por toda herramienta un lápiz y una libreta?

¡Jamás!

Porque el sofware os diría qué hacer, pero no sabríais por qué hacerlo, ni cómo ni cuando, ni qué pasaría si algo sucede fuera de los parámetros del software. De hecho un día el software deja de funcionar porque el mercado es tan dinámico y fluido que ya no se ajusta a las circunstancias del mercado, y hay que desecharlo.

Sin embargo un operador experto, armado solamente con su cerebro, un lápiz y una libreta, habrá construido un sistema completo de creencias que le dictan en todo momento lo que hacer, cómo crear un sistema de especulación, cuándo funciona y cuándo deja de funcionar, y cómo crear otro nuevo si las condiciones del mercado cambian, entendiendo en todo momento porqué pasan las cosas o dejan de pasar.

Veamos un poco más en detalle en qué consisten las creencias, las virtudes y los defectos en el trading.

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IV.8.1. Cobertura Delta Neutral y creadores de mercado, un ejemplo.

La cobertura delta neutral bien hecha es como su nombre indica, independiente de la dirección del mercado.

Os pongo un ejemplo sencillo:

Tú eres un creador de mercado. Te pongo cada paso en una línea:

El IBEX está a 9138.

Vendes 50 opciones CALL strike 9100 Jun 2010 (alguien te las compra y tú le das contrapartida). La delta de esa opción es 0.5455

Como has vendido 50 CALL delta 0,5455, la delta total de tu cartera es de -50 x 0.5455 = -27.275

Como quieres que tu cartera permanezca delta neutral, esto es = 0, tienes que comprar 27,275 futuros mini-ibex (los futuros tienen por definición delta=1). Pero como en los futuros no hay decimales, tienes que redondear y comprar 27, con lo cual te queda una cartera con delta = -0,275 que no es completamente delta neutral.

Ahora resulta que, sin que nadie compre y venda nada más, el IBEX en estos segundos subido a 9149 y el delta de las opciones vendidas ha pasado a ser 0,5501

Por tanto, recalculas la delta de tu cartera:
-50 x 0,5505 + 27 = -0,525

Ahora los decimales te tocan más las pelotas. Como tienes que redondear al número entero más cercano, estás obligado a comprar otro futuro de mini-ibex y pasas a tener 28 comprados

-50 x 0,5505 + 28 = 0,475

sigues teniendo problemas porque no tienes delta = 0 pero es lo más cercano que puedes llegar.

Ahora va un tío y le vendes 25 PUTs Jun10 strike 9000, cada una con delta = -0,3933. Recalculas la delta de tu cartera:

-50 x 0,5505 + 28 – (-0,3933 x 25) = 9,3575

Ahora tienes que vender 9 futuros mini-ibex para equilibrar y acercarte lo más posible a delta=0. Te quedas con 19 futuros comprados

-50 x 0,5505 + 28 – (-0,3933 x 25) – 9 = 0,3575

Conclusiones:

1. Cuanto más volumen haya, menos desajustes por truncado de decimales tendremos, porque éstos serán proporcionalmente en ratio más pequeños respecto al volumen total.

2. El creador de mercado tiene que comprar más futuros cuando el precio sube y tiene que vender futuros cuando el precio baja. Eso quiere decir que por ese lado siempre palma dinero.

3. Si la cobertura es perfecta (esto es, si no hubiera problemas de decimales y las operaciones y los muestreos se hicieran exactamente en tiempo real), el creador de mercado tiene que ganar dinero con la compraventa de opciones, exactamente la misma que palma en el punto 2. Si la cobertura no es perfecta, lo que gane en el punto 3 no le compensa al 100% de lo perdido en el punto 2.

4. Finalmente, el creador de mercado pone una horquilla de compraventa, por ejemplo la call Jun10 strike 9100 tiene ahora mismo 235-251. Aquí es donde saca el beneficio por su trabajo, con el “spread” o diferencia entre el precio de compra y de venta que ofrece.

Es intentar hacer un muestreo de una situación cuasi-analógica (la evolución de los precios) para reproducir una cartera compuesta de elementos discretos.

Cuanto mejor sea el software y el hardware (computadoras y conexión al mercado), más perfecta será la cobertura, y por tanto menor será el spread de compra-venta porque no necesita que éste le cubra de las imperfecciones de tener que hacer la cobertura delta neutral.

Esto es un poco como la pescadilla que se muerde la cola: si el creador de mercado es un manta, entonces necesitará poner una horquilla grande para no palmar pasta, pero si la horquilla es grande, pocos profesionales querrán entrar, y entonces tendrá poco volumen y seguirá pidiendo horquillas patéticas.

Ya casi que meto esto en el índice para este tema.

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IV.6.5. Iron condor vendido (short iron condor)

Es una estrategia similar a la mariposa vendida, solo que en vez de centrar la máxima pérdida en un strike determinado, la repartimos entre dos strikes predefinidos.

La idea es apostar por un aumento de la volatilidad o por un movimiento súbito del subyacente, pero al mismo tiempo limitando la posible pérdida a una cantidad modesta.

Se construye con:
Compra de 1 Put OTM
Venta de 1 Put OTM a un precio inferior a la anterior.
Compra de 1 Call OTM
Venta de 1 Call OTM a un precio superior a la anterior.

Los más avispados verán que es similar a una combinación de bear-put spread más una bull-call spread.

La ganancia máxima está limitada, pero relativamente poco si tenemos en cuenta la máxima pérdida posible.

Pongamos un ejemplo:
Si el Ibex de octubre está el día 13 de septiembre a 10700, y hacemos el siguiente Iron Condor vendido con opciones de Octubre (las de septiembre vencen el viernes 17):

Compra de 1 Put 10300 = -182€
Venta de 1 Put 10100 = 134€
Compra de 1 Call 11100 = -153€
Venta de 1 Call 11300 = 94€
Primas netas a pagar = 107€

Si el ibex cierra por encima de 11300 o por debajo de 10100, nos llevaremos 200€-107€ = 93€

Si cierra entre 10300 y 11100 entonces perdemos los 107€ de las primas porque todas las opciones cierran sin valor.

Si cierra entre 10100 y 10300 o 11100 y 11300 entonces sacaremos la diferencia entre 10300-cierre-107€ o Cierre-11100-107€ respectivamente.

Cuidado porque al operar con 4 opciones por cada iron condor, si no estamos atentos las comisiones pueden penalizarnos bastante.


También podríamos ganar dinero si abrimos la operación cuando la volatilidad es muy baja, y la cerramos antes de vencimiento después de una fuerte subida de la volatilidad.



Incluso si no se ha movido el precio en términos absolutos, es posible que solo por el aumento de la volatilidad podamos recomprar el iron-condor mucho más barato de lo que lo vendimos, obteniendo un beneficio neto.

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